PELIGROSO CARISMA

Por Carmen García Ribas (*)

La muerte de Fidel Castro ha puesto de actualidad la palabra mágica: carisma. Cuando se habla de alguien que tiene carisma su juicio social está lleno de confusión, porque nadie se atreve a condenar a quien es carismático. Pero, qué significa ser carismático.

En los estudios sobre liderazgo identificamos cuatro modelos de líderes según la gestión del propio miedo: estratégico, temerario, anti-lider y mesiánico. El primero es el que ha sido capaz de identificar sus miedos y sabe medir los riesgos (el más fiable); el temerario es aquel a quien le gusta el miedo y no rehuye situaciones de peligro. Es capaz de convertir su miedo en placer (puede ser peligroso, pero algo de temeridad necesita el liderazgo). El antilider es aquel que asegura no tener miedo (la mayoría de los dirigentes lo hacen) y con su actitud genera miedo a su alrededor. Dejo para el final el mesiánico, aquel que, de manera patológica, no tiene miedo. Y es justamente la ausencia de miedo lo que da carisma. Actúa con el poder de quien siente que está cumpliendo un cometido más allá de lo humano. Sabemos que carisma significa tocado por Dios; de ahí esa actitud trascendente y desmesurada de este tipo de líderes. Todos tenemos miedo. Y cuando estamos frente a una persona carismática, nos sentimos confiados; el desamparo se desvanece y le seguimos con sumisión.

papafidel

A lo largo de la historia ha habido líderes carismáticos que consiguieron que millones de personas siguieran su estela con confianza ciega. Los análisis sobre Fidel Castro han sido agridulces, todos destacaban aspectos positivos que eclipsaban a los negativos, que son muchos. Como decía un articulista: “Castro eliminó el analfabetismo de Cuba y luego les prohibió pensar”.

Los lideres mesiánicos, dejan al mundo en estado de perplejidad, de shok, porque con la razón no se puede analizar su legado. Solo entrenando a los ciudadanos en el reconocimiento y la gestión de sus propios miedos podremos construir sociedades democráticas que sepan elegir y no caigan subyugadas a los pies de los que pueden conducirles al abismo. Fidel cerró el alegato de autodefensa ante el juicio al que fue sometido en 1953 por el asalto al cuartel de Moncada, con la frase que le ha acompañado hasta el final, sin miedo y sin culpa: la historia me absolverá.

(*) Carmen Garcia-Ribas, periodista, autora de TENGO MIEDO, carisma y liderazgo a través de la gestión del propio miedo

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